“Cuando la revista Time Out de Nueva York editó su primera guía de restaurantes, Peter Luger fue catalogado como el mejor steakhouse de la ciudad. Al año siguiente, lo msimo. Cinco guías después, Time Out dejó de conceder el premio en la categoría de steakhouse y anunció que solo lo repondría cuando no ganara Peter Luger, o sea, no en un futuro previsible (…) En Peter Luger nunca se pudo fumar, ni siquiera antes de la prohibición municipal, ni pedir la carne muy hecha. Encender un cigarrillo es falta leve; pedir la carne muy hecha, falta gravísima. El camarero observa con pena al cliente desaprensivo y llama al jefe Wolfgang Zwiener, cuarenta años sirviendo porterhouses en la casa, para que se encargue personalmente del asunto. Zwiener, aleman de Bremen, sabe ser severo. Pero quien paga decide, si decide “carne seca”, si quiere “causar dolor” al cocinero (estas frases forman parte de la linea argumental de Zwiener), allá él. Será servido en silencio y se le dejará marchar en paz.”
Enric González - Historias de Nuevas York

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